Hace unos días compartía una reflexión de cómo volver a reconectarse con una misma y hoy he querido poner foco a una mirada llena de luz. Si te apetece leer aquella primera reflexión, puedes hacerlo AQUÍ

A veces, para volver a conectar con una misma, el mejor camino no es pensar más, sino sentir más. Y hay un lugar mágico que nunca falla cuando necesitamos vaciar la cabeza y llenar el alma: la naturaleza.

Seguro que te ha pasado. Sales a caminar por el campo, por un sendero o por un parque tranquilo, y algo empieza a cambiar dentro de ti.

Al principio caminas rápido, con el ritmo acelerado que traes de la rutina. Pero, poco a poco, tus pasos se vuelven más lentos. Empiezas a mirar de otra manera. A percibir el olor a tierra mojada o a pino, a escuchar el crujido de las hojas secas bajo tus zapatos, a notar la caricia del aire en la cara.

De repente, dejas de ser una espectadora y sientes, con una certeza muy bonita, que formas parte de toda esa belleza.

Los tesoros que la tierra te regala
Cuando caminas sin prisa y miras con la inocencia de un niño, el suelo se llena de pequeños milagros. Una hoja con una forma caprichosa, una piedra perfectamente suave y redondeada por el agua, una ramita seca con un dibujo curioso, unas flores silvestres...

¿Te has fijado en la alegría que da agacharse a recogerlos? Es como volver a ser una niña que encuentra un tesoro. Te guardas esa hoja en el bolsillo o te llevas esa piedra en la mano, sintiendo su tacto.

Y ahí, en ese preciso instante, algo se enciende en tu mente. Te atrapa una idea: “Qué bonita quedaría esta rama para colgar un tapiz de macramé”, o “Podría secar esta flor para decorar una vela, un cuaderno o un colante”.

La naturaleza no solo te calma; te activa por dentro. Te despierta las ganas de crear porque ella misma es pura creación.

La libertad de expresarte como te dé la gana
En mitad del campo no hay juicios. No hay nadie mirando, ni redes sociales, ni expectativas. Hay una libertad total.

-El sonido del agua corriendo en un arroyo te invita a soltar el control y a sentirte libre.
-El canto de los pájaros te da ganas de tararear o cantar, uniendo tu voz a la suya.
-El susurro del viento entre los árboles parece música que te invita a mover el cuerpo, a bailar sin normas, solo por el placer de moverte.

Es un juego. Un juego en el que vuelves a ti, a tu centro, a tu verdad.

De la tierra a tus manos
Cuando vuelves a casa después de un paseo así, la energía es otra. Llegas con la mente limpia y el corazón ensanchado. Y esos pequeños tesoros que has recogido —las hojas, las piedras, las ramas— se convierten en la excusa perfecta para sentarte en tu rincón favorito a crear algo con tus manos.

La creatividad no es algo que se fabrique en una oficina con esfuerzo; es algo que se cultiva con espacios de silencio, con paseos lentos y con el permiso de maravillarnos con lo sencillo.

En Habilidades Creativas me gusta mucho unir la artesanía con la vida natural, porque siento que crear con elementos que nos da la tierra nos ayuda a enraizarnos y a brillar con más fuerza.

La próxima vez que te sientas estancada, no busques respuestas en las pantallas. Sal ahí fuera, camina, respira y deja que la naturaleza te recuerde lo viva que estás, lo creativa que eres y la conexión tan bonita que tienes con ella misma.

Párate....Piénsalo...Siéntelo...y percibirás algo muy hermoso: y es que, cada célula de tu cuerpo se llena de luz.

Escrito por Montse V
Curadora de formaciones digitales 
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