Sí... ya sé lo que estás pensando.
Que seguramente será complicado. Que necesitarás un montón de cachivaches, que necesitas mucho espacio o herramientas sofisticasa.
Pues fíjate que no.
Tu cocina puede ser un estupendo lugar para empezar.
Un trocito de mesa, un par de recipientes de cristal que tenías por ahí guardados y esas ganas de probar que, cuando aparecen, conviene hacerles un poquito de caso.
Porque una vela puede ser mucho más que algo que encendemos cuando queremos que el salón huela rico.
Puede acompañar una tarde tranquila.
Puede formar parte de una celebración.
Puede esperar encendida sobre una mesa mientras alguien abre un regalo.
Puede convertirse en ese pequeño detalle que dice «he pensado en ti» sin necesidad de escribir una tarjeta de tres páginas.
Y también puede convertirse en un proyecto creativo.
Y ahí, amiga mía, empieza lo interesante.
Probar, jugar y dejar volar la imaginación
Lo divertido empieza justo cuando te pones a trastear.
Imagínate la escena.
Estás en la cocina, la cera empieza a templarse y el aire se llena de ese olor tan particular que tiene cuando estamos a punto de hacer algo nuevo.
Lo divertido empieza justo cuando te pones a trastear.
Imagínate la escena.
Estás en la cocina, la cera empieza a templarse y el aire se llena de ese olor tan particular que tiene cuando estamos a punto de hacer algo nuevo.
Abres un armario y aparece un tarro de mermelada que te daba pena tirar.
Después encuentras una taza descabalada que lleva meses esperando una segunda oportunidad.
Y piensas:
«¿Y si hago una vela aquí?»
Pues ya está.
Ya tenemos aventura. 😂
Le añades aceite esencial, eliges un color, preparas la mecha y empiezas a descubrir que hacer una vela tiene algo de pequeño laboratorio doméstico y algo de juego.
Y que me dices de los aromas. Ay, los aromas...
Porque una cosa es decir «esta vela huele a lavanda» y otra muy distinta es encenderla y sentir que, durante un instante, tu cocina o tu rincón preferido parecen haberse mudado a un jardín en verano.
¿A qué quieres que huelan tus espacios?
¿A flores?
¿A vainilla?
¿A bosque?
¿A una mañana de domingo?
Y aquí empieza esa parte que me encanta de crear: no estás haciendo solamente una vela. Estás intentando crear una sensación.
Y si te da el punto artístico, puedes seguir jugando.
Unos pétalos secos.
Una rodajita de naranja.
Un detalle de color.
Una forma diferente.
Aunque, por supuesto, la primera vez puede ocurrir que esos preciosos pétalos que imaginabas flotando delicadamente sobre la cera terminen hundidos hasta el fondo como si estuvieran participando en una expedición arqueológica. 😂 También forma parte del proceso.
Después miras tu vela y piensas:
«Bueno... exactamente así no era en mi cabeza.»
Pero sonríes. Porque la has hecho tú!
«Bueno... exactamente así no era en mi cabeza.»
Pero sonríes. Porque la has hecho tú!
Aprender algo nuevo nos transforma y nos cambia la mirada. Antes vehías solo una vela, ahora cuando la observas ves un campo de información que te emociona... la cera, la forma, la mecha, el color, el aroma, las sensaciones, la manera en la que está hecha...Y empiezas a descubrir que detrás de algo que parecía tan sencillo hay todo un mundo.
Y quizá ese sea uno de los regalos más bonitos de cualquier oficio creativo.
Cuando empiezas hacer velas pasa algo curioso:
La primera vela suele ser para ti.
La segunda quizá se la regalas a una amiga.
La tercera acaba en manos de alguien de la familia.
La primera vela suele ser para ti.
La segunda quizá se la regalas a una amiga.
La tercera acaba en manos de alguien de la familia.
Y un día alguien te dice:
«Oye... ¿no me harías un par de estas para regalar?»
Y tú piensas:«Oye... ¿no me harías un par de estas para regalar?»
«Pues mira... igual sí.» 😊
No hace falta que de repente te conviertas en una experta en ventas ni que te pongas a hablar como si dirigieras una multinacional de la cera. 😂
Puedes simplemente seguir haciendo lo que ya estabas haciendo con cariño: crear velas bonitas, compartirlas, enseñar el proceso, reirte de las meteduras de pata (que también las hay cuando la cera no queda lisa a la primera 😂), ir dejando que sea tu propia experiencia la que hable por ti y dejar que otras personas descubran lo que eres capaz de hacer.
Muchas veces nos da reparo empezar porque pensamos que hay que saberlo todo desde el minuto uno. Pero la verdad es que nadie nace sabiendo. Todo se aprende haciendo, probando y disfrutando del camino.
Lo que es cierto es que hay algo que no te puede enseñar ningún tutorial:
Las sensaciones que produce crear con tus manos... de mirar una pequeña llama y saber que aquello que está iluminando una estancia, haciéndola más acogedora, ha salido de tus propias manos.
Y quizá ahí esté el verdadero encanto.
Y entonces aparecen las formas, los colores, los aromas, los mensajes...
Una vela puede ser delicada o divertida.
Puede decir «te quiero», «feliz cumpleaños» o simplemente «hoy necesitaba un poquito de calma».
Puede formar parte de una celebración, decorar una mesa, acompañar una tarde de lectura o convertirse en ese pequeño regalo que alguien abre y piensa:
«Qué bonito... esto lo han hecho pensando en mí.»
Está también en lo que ocurre cuando las enciendes.
La llama transforma el espacio.
La luz cambia.
El ambiente se vuelve otro.
Y durante un ratito, una cosa tan pequeña consigue que nos detengamos.
Por eso siempre me ha gustado pensar que una vela es también una pequeña metáfora de la vida un recordatorio de que en cada momento, debemos avivar nuestra llama interior y seguir adelante con pasión y fervor.
Si sientes curiosidad por descubrir este mundillo de las velas, aprender cómo se hacen y conocer las técnicas que te permitirán experimentar con formas, colores, aromas y diseños, puedes echar un vistazo al Taller de Velas Artesanales que he seleccionado para ti.
Quizá quieras hacer regalos.
Quizá descubras una afición que no sabías que necesitabas.
O quizá, quién sabe, esa primera vela termine siendo el comienzo de un bonito proyecto creado a tu manera.
Escrito y Recomendado por Montse V.
Curadora de formaciones digitales.
Exploro y selecciono espacios de aprendizaje transparentes y llenos de valor para que cultives tus habilidades con total confianza y a tu propio ritmo.

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