Madre mía… ¡qué verano! 😅

 

Madre mía, qué mes de Julio y Agosto.
Me siento como un pollo asado. 😂

Hay momentos en los que salgo a la calle y noto cómo mi cuerpo dice:

«Mira, bonita… hoy no estamos para grandes proyectos.»
Y no le falta razón...

El calor me aplasta un poquito. Me deja más lenta, con menos ganas de hacer cosas y con esa sensación de estar buscando continuamente un rincón fresco donde esconderme.

Así que sí.
A veces me siento exactamente como en esta foto.
Uff… ¡qué calor!
😂

Pero hace unos días, mientras estaba en una de esas tardes de “hoy no se derrite solamente el helado”,
me descubrí pensando en algo.

Quizá no siempre podemos cambiar lo que estamos viviendo. Pero sí podemos cambiar, poquito a poquito, la manera en la que lo vivimos.

Y no estoy hablando de poner una sonrisa de plástico y repetir “todo es maravilloso” mientras por dentro estás para que te recojan con espátula. 
No.
Estoy hablando de algo mucho más sencillo.

De observar lo que te está pasando.
De reconocerlo. De dejar de pelearte con ello durante un momento. Y quizá preguntarte:

¿Hay otra manera de estar aquí?
Esta pregunta me recordó algo que escuché hace unos días. Hablaban de cómo durante mucho tiempo la información se transmitía casi como una doctrina.

Alguien sabía.
Alguien enseñaba.
Y los demás aprendíamos.

Y pensé que quizá estamos empezando a descubrir otra forma de compartir. Una que me gusta mucho más. Compartir lo vivido

Porque puedo contarte diez cosas sobre la calma y no saber qué hacer con mis propios nervios cuando la vida decide ponerme a prueba.

Puedo leer sobre confianza, escuchar podcasts sobre abundancia, ver vídeos sobre cambiar la mirada…
Y después llega la vida y te muestra que no es tan sencillo.

Ahí es donde la teoría se encuentra con la realidad.
Y a veces se dan un abrazo. Y otras veces se miran y dicen:

«Pues no era exactamente como lo explicaban.» 😂
Por eso cada vez me interesa más escuchar las experiencias de las personas.

No porque tengan la respuesta.
No porque hayan descubierto el secreto.
Sino porque han estado allí.
Han pasado por ese lugar.
Han sentido miedo.
Han metido la pata.
Han cambiado de opinión.
Han descubierto algo que no sabían.

Y cuando alguien comparte eso contigo, no necesariamente está intentando enseñarte nada.
Simplemente abre una puerta y te dice:

«Mira lo que encontré o lo que aprendí mientras caminaba por esta experiencia.»

Y tú decides si quieres entrar y que hacer con lo que te llega. O con lo que tu alma descifra al leer o escuchar esta realidad ajena.

Y quizá ahí está la verdadera riqueza de compartir una experiencia. Que no pretende convencerte.
Puede que aquello que a mí me ayudó no te sirva absolutamente para nada.....Y es estupendo!.

Pero quizá una pequeña parte de mi historia se queda contigo.

Una frase.
Una imagen.
Una manera diferente de mirar algo.
Una pequeña semilla que, quién sabe, algún día encuentre tierra fértil.

Eso me parece muchísimo más bonito que intentar tener siempre algo que enseñar. Porque la experiencia tiene algo que la información, por sí sola, no tiene.

Tiene vida.
Tiene equivocaciones.
Tiene contradicciones.
Tiene días buenos y días de pollo asado. 😂
Tiene huellas. Y las huellas cuentan por dónde hemos pasado.


Y hablando de aprovechar lo que tenemos delante…

Esta mañana, mientras miraba por la ventana, pasó un petirrojo.....Fue apenas un instante.
Se posó, miró hacia dentro y después siguió su camino.

Aunque yo tuve la sensación de que me había mirado directamente a mí. 😄
Ya sabéis que estas cosas me hacen gracia porque nunca sé si realmente ocurrió o si soy yo, que tengo una imaginación un poquito revoltosa.
Pero decidí quedarme con la sensación.

Y me pareció que aquel pequeño visitante venía a decirme algo:

«
Hace calor, sí… pero también puedes aprovecharlo para buscar un pequeño espacio fresco, bajar el ritmo y dejar que tu imaginación haga de las suyas

Porque quizá la creatividad no necesita que todo esté perfecto para aparecer. A veces aparece precisamente cuando estamos haciendo, viviendo o experimentando otra cosa.

Puede que estés trabajando, haciendo recados, cocinando o intentando sobrevivir a una tarde de agosto sin convertirte definitivamente en pollo asado. 😂

Y de repente…¡Zas!
Te llega una idea.
Una imagen.
Una combinación de colores.
Algo que te gustaría hacer.

Una creación que todavía no existe, pero que ya ha empezado a formarse dentro de tu cabeza.

No pasa nada si en ese momento no puedes ponerte manos a la obra....Apúntala....Guárdala....Déjala reposar.

Y cuando llegues a casa, quizá descubras que aquella pequeña chispa que apareció mientras estabas trabajando estaba esperando precisamente ese momento para salir......Porque también podemos crear así.

Primero imaginamos.....Después, nuestra intención, nuestras manos, nuestro ser... se encargan de darle forma.

Así que si este calor te tiene un poco derretida, quizá no tengas que luchar contra él todo el rato.
Busca un rincón fresco.
Abre una ventana.
Toma algo fresquito.
Y deja que tu imaginación salga a dar una vuelta.

Quién sabe…
Quizá vuelva acompañada de un petirrojo y una buena idea. ❤️


Así que hoy no vengo a darte consejos para soportar el calor....Ni tengo la solución perfecta.

Al igual que tú, sigo buscando el ventilador cuando aprieta. 😅

Solo quería compartir contigo una pequeña reflexión que me ha acompañado estos días:

Quizá no siempre podamos cambiar lo que nos sucede. Pero podemos aprender a relacionarnos de otra manera con aquello que estamos viviendo.


Y a veces, solo con eso…entra un poquito de Aire FrescoAunque fuera sigamos a 40 grados.

Escrito por Montse V. 
Exploradora de la vida y Curadora de formaciones digitales.

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