Te imaginas el día del estreno con tu tienda online echando humo, la gente peleándose por tus piezas y tú en la mesa de trabajo poniendo lazos a toda prisa para que tus paquetes lleguen a sus destinatarias cuanto antes.😅
Y luego llega la realidad... Te quedas mirando la pantalla con cara de ilusión y… lo que obtienes es un silencio catedralicio. Un me gusta de tu prima, otro de una amiga y el grillo sonando al fondo.
A mí me pasó exactamente igual. 😂
Recuerdo estar delante del ordenador refrescando la página cada tres minutos, pensando: «Listo, esto no lo quiere nadie. Cierro el chiringuito, guardo mis ideas y mis ilusiones en un cajón y a otra cosa».🤒
Y seguramente tú también hayas tenido algún momento de esos, ¿verdad?
Porque cuando empiezas algo nuevo, pasa lo siguiente: tú sabes todo el cariño, las horas y las ganas que le has puesto a tus creaciones... pero el resto del mundo aún no lo sabe. No están pensando en ti, no saben por qué o para qué creas y ni mucho menos se imaginan el trabajo que hay detrás.
Tú llevas semanas soñando con este proyecto. La otra persona simplemente pasa por delante de tus imágenes durante dos segundos mientras piensa en sus cosas.
No es que tus creaciones no valgan. Es que todavía no has conseguido que se paren a mirarlas. Y es justo ahí donde empieza el verdadero juego.
Un día haces una foto que no termina de convencerte y la repites hasta que la imagen transmite un mensaje por si sola. Otro día descubres una manera más bonita de enseñar lo que haces. Pruebas unas palabras, cambias otras, te atreves a enseñar un poco más de ti...
Y, sin darte cuenta, aquello que al principio parecía un desastre empieza a tomar vida.
Ese silencio inicial puede ser desesperante, lo sé.
Pero también es tu gimnasio.
Ahí es donde vas cogiendo músculo:
Músculo creativo.
Músculo para transmitir.
Músculo para vender sin vender.
Y, sobre todo, músculo para no salir corriendo a la primera de cambio.
Porque esa parte nadie te la cuenta, ¿verdad? 🤨
Músculo creativo.
Músculo para transmitir.
Músculo para vender sin vender.
Y, sobre todo, músculo para no salir corriendo a la primera de cambio.
Porque esa parte nadie te la cuenta, ¿verdad? 🤨
Emprender también es aprender a seguir cuando todavía no hay reconocimiento ni aplausos. Es ingeniártelas para hacer ruido hasta que alguien, algún día, levante la cabeza y diga: «Anda… ¿y esto de dónde ha salido?».
Créeme, esto también es crear. Es aprender a jugar contigo misma para darte a conocer. Cada día que sigues al pie del cañón cuando nadie mira, estás construyendo los cimientos del espacio creativo para cuando empiece a llegar la gente.
Así que, si hoy no has vendido un pimiento... que no cunda el pánico. Apaga la luz del taller, cierra el ordenador por hoy, hazte un café bien rico y mañana le vuelves a dar caña.
¿Sabes cuánto tardé yo en hacer mi primera venta en el mundo digital? ¡Un año entero!
Créeme, esto también es crear. Es aprender a jugar contigo misma para darte a conocer. Cada día que sigues al pie del cañón cuando nadie mira, estás construyendo los cimientos del espacio creativo para cuando empiece a llegar la gente.
Así que, si hoy no has vendido un pimiento... que no cunda el pánico. Apaga la luz del taller, cierra el ordenador por hoy, hazte un café bien rico y mañana le vuelves a dar caña.
¿Sabes cuánto tardé yo en hacer mi primera venta en el mundo digital? ¡Un año entero!
Y no veas los saltos de alegría que di cuando llegó. A partir de ahí, la cosa empezó a andar.
Cuando te cuento que yo tardé un año entero en hacer mi primera venta, no quiero decirte que tengas que pasar un año entero esperando mientras las facturas se acumulan encima de la mesa.
Tampoco estamos tan locas. 😂
No se trata de tirarse a la piscina sin agua y sin flotador.
Mientras las semillas de tu proyecto van echando raíces, las facturas siguen llegando cada mes. Hay que comer, pagar la luz y seguir viviendo.
Yo misma, durante aquel año y medio en el que estaba dando forma a mi proyecto digital, estuve cuidando a un niño pequeñín.
Y no veas la tranquilidad que me daba saber que tenía mis necesidades básicas cubiertas. Ese trabajo era mi flotador.
Me permitía sentarme a crear, probar ideas, equivocarme, cambiar de rumbo y volver a intentarlo sin tener constantemente una voz en la cabeza gritándome:
«¡Tienes que vender esto hoy o no llegamos a fin de mes!» 😱
Y esto me parece importante decirlo porque a veces hablamos de emprender como si hubiera que dejarlo todo, lanzarse al vacío y demostrarle al mundo que vas con todas.....¡Pues no!.
No necesitas demostrarle nada a nadie.
Si ahora mismo estás cuidando niños, haciendo limpiezas, dando clases, haciendo uñas, trabajando unas horas, manteniendo tu empleo o haciendo cualquier otra cosa que te permita pagar tus gastos mientras construyes tu proyecto... ¡vas bien!.
Ese trabajo no te hace menos artesana.
No te hace menos creativa.
Y desde luego no significa que no estés apostando de verdad por tu sueño.
Significa que estás siendo lista.
Porque el flotador te da algo que tu proyecto necesita muchísimo: Tiempo de maduración
Tiempo para aprender.
Para probar.
Para equivocarte.
Para descubrir qué es lo que mejor funciona.
Para cambiar de dirección cuando sea necesario.
Y, sobre todo, para encontrar poco a poco a esas personas que conectan con lo que haces y que un día van a decir: «¡Anda!....esto es lo que iba buscando...o lo que me llena...o lo que me hace feliz!»
Así que si ahora mismo estás compaginando tu sueño con otro trabajo para pagar tus necesidades primordiales... Respira.
No estás dividida.
Estás protegiendo tu espacio creativo.
Y mientras tu proyecto crece, tú tienes tu flotador puesto y puedes seguir nadando hacia tu aventura más productiva...que amas, que quieres compartir con el mundo y con la que realmente disfrutas!
Al final, cuando no tiras la toalla y sigues con tu constancia, ese primer pedido que tanto has imaginado termina llegando.
Estás protegiendo tu espacio creativo.
Y mientras tu proyecto crece, tú tienes tu flotador puesto y puedes seguir nadando hacia tu aventura más productiva...que amas, que quieres compartir con el mundo y con la que realmente disfrutas!
Al final, cuando no tiras la toalla y sigues con tu constancia, ese primer pedido que tanto has imaginado termina llegando.
Abandonar algo que todavía estás aprendiendo a construir, solo porque aún no ves los resultados, ¡no es una opción!.
¿Tú también has tenido tu momento "tragitierra" de esperar un alud de pedidos y encontrarte con el desierto?
Cuéntamelo en comentarios, que aquí estamos para darnos apoyo y reírnos un rato recordando nuestras peripecias.
Escrito por Montse V.
Escrito por Montse V.
Curadora de cursos digitales

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