Cuando nuestras manos tejían antes de que existieran las agujas modernas
Hay algo fascinante en descubrir que algunas de las cosas que hoy hacemos casi sin pensar con un ovillo de lana y un par de agujas… alguien ya las estaba haciendo hace miles de años.
Solo que sin nuestras cómodas agujas largas.
Sin ganchillo.
Sin ovillos perfectamente enrollados.
Y, probablemente, sin tutorial de YouTube. 😄
Tenían una aguja corta, unas hebras de fibra y dos manos dispuestas a descubrir qué podían hacer con ellas.
Y de ahí nació una de esas pequeñas maravillas de la historia textil que merece la alegría conocer: el Nålbinding.
La aguja no se parece demasiado a las que utilizamos hoy para tejer. Es corta, normalmente plana y con un ojo bastante grande.
Y aquí viene lo curioso.
En lugar de trabajar con una hebra interminable como hacemos actualmente, era habitual utilizar trozos relativamente cortos de lana.
Cuando uno se terminaba, había que unirlo al siguiente.
¿Un nudo? ... No necesariamente.
La propia lana tenía el truco.
Se podían juntar los extremos y frotarlos entre las manos, aprovechando las pequeñas fibras de la lana para que se engancharan y afieltraran entre sí.
Imagínate la escena...
Una persona sentada junto al fuego, una aguja de hueso entre los dedos, un montón de lana y ninguna prisa por llegar al siguiente capítulo.
Bueno… quizá prisa sí.
Porque fuera hacía mucho frío. 😅
Mucho antes de que existiera el ganchillo
El nålbinding pertenece a una familia de técnicas textiles muy antiguas y existen evidencias arqueológicas de formas de tejido con aguja y bucles que se remontan a miles de años.
Lo interesante es que no podemos contar una historia tan sencilla como “alguien inventó el nålbinding y después todo el mundo aprendió a hacerlo”.
Las técnicas de entrelazar fibras aparecieron y evolucionaron en diferentes lugares y momentos.
Por ejemplo....En las tumbas egipcias se han encontrado calcetines y adornos con apariencia de ganchillo o tricot. Sin embargo, al analizarlos de cerca se ha descubierto que la mayoría se hicieron con la técnica del nålbinding o entrelazando hilos alrededor de moldes de madera para crear redes y calzados finos.
Mucho antes de la llegada de los europeos, pueblos originarios de regiones como Perú o la cuenca del Amazonas ya elaboraban adornos ceremoniales, redes de pesca y tocados. Usaban las yemas de los dedos a modo de ganchos o pequeñas varillas curvadas de hueso para formar bucles cerrados con fibras vegetales muy finas y cabello de animales.
Solo que sin nuestras cómodas agujas largas.
Sin ganchillo.
Sin ovillos perfectamente enrollados.
Y, probablemente, sin tutorial de YouTube. 😄
Tenían una aguja corta, unas hebras de fibra y dos manos dispuestas a descubrir qué podían hacer con ellas.
Y de ahí nació una de esas pequeñas maravillas de la historia textil que merece la alegría conocer: el Nålbinding.
Una aguja, un hilo…y mucha imaginación!
El nålbinding —también escrito nålebinding— es una técnica antiquísima para crear tejidos entrelazando bucles con una sola aguja.
La aguja no se parece demasiado a las que utilizamos hoy para tejer. Es corta, normalmente plana y con un ojo bastante grande.
Y aquí viene lo curioso.
En lugar de trabajar con una hebra interminable como hacemos actualmente, era habitual utilizar trozos relativamente cortos de lana.
Cuando uno se terminaba, había que unirlo al siguiente.
¿Un nudo? ... No necesariamente.
La propia lana tenía el truco.
Se podían juntar los extremos y frotarlos entre las manos, aprovechando las pequeñas fibras de la lana para que se engancharan y afieltraran entre sí.
Así, poco a poco, una hebra terminaba convirtiéndose en otra.
Imagínate la escena...
Una persona sentada junto al fuego, una aguja de hueso entre los dedos, un montón de lana y ninguna prisa por llegar al siguiente capítulo.
Bueno… quizá prisa sí.
Porque fuera hacía mucho frío. 😅
Mucho antes de que existiera el ganchillo
El nålbinding pertenece a una familia de técnicas textiles muy antiguas y existen evidencias arqueológicas de formas de tejido con aguja y bucles que se remontan a miles de años.
Lo interesante es que no podemos contar una historia tan sencilla como “alguien inventó el nålbinding y después todo el mundo aprendió a hacerlo”.
Las técnicas de entrelazar fibras aparecieron y evolucionaron en diferentes lugares y momentos.
Mucho antes de la llegada de los europeos, pueblos originarios de regiones como Perú o la cuenca del Amazonas ya elaboraban adornos ceremoniales, redes de pesca y tocados. Usaban las yemas de los dedos a modo de ganchos o pequeñas varillas curvadas de hueso para formar bucles cerrados con fibras vegetales muy finas y cabello de animales.
Lo que sí sabemos es que este tipo de tejido fue utilizado durante siglos en distintas regiones, especialmente en zonas del norte de Europa, donde fabricar prendas resistentes y cálidas no era precisamente un capricho..... Era supervivencia.
Y ahí aparece una de las grandes protagonistas de esta historia: la lana.
Hoy pensamos en la lana como ese material calentito que utilizamos para hacer un jersey bonito para ser lucido.
Para quienes vivían en climas fríos, era mucho más que eso. Era una forma de proteger el cuerpo.
Para quienes vivían en climas fríos, era mucho más que eso. Era una forma de proteger el cuerpo.
Con nålbinding podían hacerse gorros, manoplas, calcetines, bolsas y otras piezas de uso cotidiano.
Y el resultado era especialmente interesante porque la estructura del tejido era muy compacta y resistente.
Además, cuando la lana se trabajaba y posteriormente se afieltraba con humedad, calor y fricción, podía convertirse en un material todavía más tupido.
Algo parecido a crear una pequeña armadura de lana.
Los vikingos procedentes de Escandinavia, Noruega o Suecia heredaron y perfeccionaron esta técnica ancestral. Los yacimientos vikingos más importantes han desenterrado bastantes piezas hechas con esta técnica.
No suena tan glamuroso como decir “accesorio handmade” ¿verdad?, pero probablemente resultaba bastante más útil cuando tenías que enfrentarte a un invierno del norte de Europa. 😄
Y entonces llegaron los calcetines… pero con truco
Uno de los objetos más conocidos relacionados con esta técnica.
Y existe un detalle precioso que demuestra hasta qué punto nuestros antepasados no se limitaban a fabricar cosas: las adaptaban perfectamente a sus necesidades.
En el antiguo Egipto, por ejemplo, se han encontrado calcetines elaborados mediante técnicas de bucle que presentan una separación para el dedo gordo. ¿La razón? ... Poder llevarlos con las sandalias.
Porque, seamos sinceras, hasta hace siglos ya había personas intentando resolver el mismo problema que nosotras:
“Vale… esto está muy bien, pero ¿cómo hago para que funcione con mis zapatos?” 😂
Otra de las cosas que me fascinan del nålbinding es su sencillez.
No necesitabas un arsenal de herramientas.
La aguja podía fabricarse en hueso, madera o asta.
La materia prima podía ser lana u otras fibras disponibles en el entorno.
Y el resto lo ponían las manos.
La aguja podía fabricarse en hueso, madera o asta.
La materia prima podía ser lana u otras fibras disponibles en el entorno.
Y el resto lo ponían las manos.
Eso sí que es artesanía en estado puro.
No había una tienda especializada donde elegir entre 37 tipos de agujas ergonómicas.
No había un ovillo de 100 gramos con una etiqueta explicando el grosor, la composición y el número de aguja recomendado.
Había una fibra.
Una herramienta.
Y alguien pensando:
“A ver qué puedo hacer con esto.”
Y quizá ahí está una de las cosas más bonitas de toda esta historia.
Un tejido que no se deshace como imaginamos
Aquí el nålbinding vuelve a sorprendernos.
A diferencia de muchas estructuras modernas de punto, sus bucles quedan entrelazados de una manera que hace que el tejido sea muy estable.
Si una zona se daña, no significa necesariamente que toda la pieza vaya a comenzar a deshacerse en cadena.
Eso hacía que fuese especialmente apropiado para prendas que tenían que aguantar trabajo duro, frío y uso constante.
Y también explica por qué algunas piezas antiguas han conseguido llegar hasta nosotros.
Porque detrás de cada fragmento arqueológico no hay solamente una técnica.
Hay una persona.
Alguien que estuvo allí.
Alguien que tuvo frío.
Alguien que necesitó unos calcetines.
Alguien que tomó una aguja de hueso y comenzó a entrelazar lana.
Y sin saberlo, estaba formando parte de una historia que miles de años después todavía nos sorprende.
De aquellas manos a las nuestras
Hoy tenemos ganchillos de todos los tamaños, agujas intercambiables, fibras maravillosas y ovillos que parecen pequeñas obras de arte.
Podemos aprender una técnica en diez minutos viendo un vídeo.
Podemos comprar prácticamente cualquier material que imaginemos.
Y aun así…
Seguimos haciendo exactamente lo mismo en esencia.
Seguimos haciendo exactamente lo mismo en esencia.
Cogemos una fibra.
La pasamos por aquí.
La entrelazamos con otra.
Probamos.
Deshacemos.
Volvemos a intentarlo.
Y poco a poco aparece algo que antes no existía.
Quizá por eso me gusta tanto descubrir historias como la del nålbinding.
Porque nos recuerdan que la creatividad no nació con las redes sociales, ni con Pinterest, ni con los kits de manualidades.
La creatividad estaba allí mucho antes.
En unas manos junto al fuego.
En una aguja de hueso.
En unas fibras que había que aprovechar hasta el último centímetro.
Y en esa maravillosa costumbre humana de mirar un trozo de material y pensar:
“¿Y si hago algo con esto?”
Miles de años después seguimos haciéndonos exactamente la misma pregunta.
Y eso, sinceramente, me parece una de las cosas más bonitas que puede contar la historia de las manualidades.
Escrito por Montse V.
Curadora de cursos digitales


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