Caminante, no hay camino... se hace camino al andar

Reflexiones de una Caminante

Todos conocemos aquella frase que Antonio Machado escribió en uno de sus versos:

"Caminante, no hay camino... se hace camino al andar."

La hemos leído infinidad de veces. La hemos compartido porque nos parecía bonita. Incluso la hemos repetido de memoria.

Pero... ¿alguna vez te has detenido a sentirla de verdad?

Hay frases que no se comprenden con la cabeza. Esperan pacientemente hasta que la vida nos regala una experiencia capaz de revelar todo su significado.

Machado escribió esos versos en un momento de profundo dolor, tras la pérdida de su esposa, Leonor. Quizá por eso siguen conmoviendo tantos años después. Porque nacieron de una vivencia, no de una teoría.

Yo también viví un momento en el que pude comprender esa frase desde dentro.

Durante cuatro años dediqué mi vida a cuidar de un familiar que sufrió un ictus. Tenía un 95 % de discapacidad y, poco a poco, me convertí en una extensión de ella misma.

Fui sus manos cuando ya no podía moverlas.
Sus pies cuando ya no podía caminar.
Su voz cuando ya no podía hablar.
Sus pensamientos cuando necesitaba ayuda para tomar decisiones.

Y también su enfermera.

Toda mi energía, todo mi tiempo y todo mi corazón estaban volcados en ella.
Hasta que un día falleció.

Y entonces ocurrió algo para lo que nadie me había preparado.

Sentí que toda la estructura de mi vida se había derrumbado. Era como estar suspendida en un limbo. Sin saber quién era ahora. Sin saber hacia dónde dirigirme. Sin tener claro qué hacer con un tiempo que, durante cuatro años, había pertenecido casi por completo a otra persona.

Fue entonces cuando aquellas palabras de Machado dejaron de ser un verso bonito.

Se convirtieron en una verdad.
No hay camino.
No existe un mapa que nos diga cómo salir del vacío cuando una etapa tan importante termina. 

Nadie puede indicarnos cuál es la dirección correcta ni cuál será nuestro siguiente capítulo.
Solo queda hacer una cosa.

Caminar.

Aunque al principio todo esté cubierto por la niebla.
Aunque no tengas ninguna certeza de que estás dando el paso adecuado.
Aunque sientas que avanzas despacio.

Porque el camino no aparece antes de empezar.
Es el propio caminar el que lo va creando.

Cada experiencia nos transforma. Cada paso nos muestra algo que antes no podíamos ver. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, la niebla comienza a abrirse.

No porque el futuro estuviera escrito.
Sino porque nosotras empezamos a escribirlo con cada paso.

Y un día descubres que aquel capítulo de tu vida no fue un tiempo perdido. Fue una escuela.
Un capítulo que te regaló valores, fortaleza, paciencia, amor y una manera diferente de mirar la vida.

Te quedas con todo lo que te enriqueció.
Y aprendes a soltar aquello que ya cumplió su propósito.
No para olvidarlo.
Sino para hacer espacio a la persona que hoy estás llamada a ser.

En mi caso, ese nuevo camino apareció de una forma muy silenciosa.
No llegó con grandes respuestas.
Llegó a través de la
creatividad.

Volví a crear con mis manos.
Volví a escribir.
Volví a imaginar.
Volví a ilusionarme con pequeños proyectos que despertaban algo dentro de mí.

Y entonces comprendí que la expresión creativa era mucho más que un pasatiempo.
Era un verdadero alimento para el alma.
Era una forma de volver a conectar conmigo misma.

Mientras mis manos creaban, también se iba reconstruyendo algo dentro de mí.

Cada idea, cada palabra, cada proyecto y cada pequeña creación iban dibujando un camino que, al principio, yo era incapaz de ver.

Quizá por eso hoy comparto este → universo de creatividad, de crecimiento personal y de nuevas oportunidades.

Porque he descubierto que detrás de una manualidad  o una acción creativa no solo puede nacer un objeto bonito.

También puede renacer una ilusión.
Puede despertar un talento que llevaba años dormido.
Puede convertirse en un proyecto que aporte valor a otras personas.

Y, muchas veces, puede ser el puente que nos devuelve a nosotras mismas.

Hoy sigo caminando.
Y no sé qué senderos encontraré mañana.
Pero ya no necesito conocer todo el recorrido.
Confío en el siguiente paso.
Porque ahora sé que Antonio Machado tenía razón.

Caminante, no hay camino...
El camino se hace al andar.

¿Y tú? 
¿Has sentido alguna vez que la creatividad o tus manos te devolvían la vida en un momento de niebla? Me encantará leerte en los comentarios.

Escrito por Montse V. 
Curadora de formaciones digitales. 
Exploro y selecciono espacios de aprendizaje transparentes y llenos de valor para que cultives tus saberes con total confianza y a tu propio ritmo.




Publicar un comentario

0 Comentarios