Crees que necesitas un don divino para dejar volar tu creatividad?

Voy a decir una barbaridad.

Creo que, en algún lugar del universo, existe un ministerio secreto encargado de repartir los dones antes de nacer.

Una especie de oficina celestial donde un funcionario con cara de lunes va llamando uno por uno:

—María... creatividad, costura y buen gusto.
—Antonio... música y cocina.
—Lucía... pintura.
—Montse... manualidades, imaginación... y una ligera obsesión por comprar materiales que no necesitará hasta dentro de seis meses.

Y entonces llega tu turno...
El funcionario rebusca en un cajón, pone cara de circunstancias y dice:

—Uy... pues ya no quedan dones. Se nos acabaron ayer. Vuelve en la próxima reencarnación.

Ridículo, ¿verdad?

Pues, aunque nos dé la risa, hay muchísimas personas que viven exactamente como si eso hubiera ocurrido.

Ven una artesana hacer un bolso de crochet precioso y dicen:

—Claro... es que ella tiene un don.

Ven una joya de resina.
Un ramo de flores preservadas.
Un amigurumi que parece sacado de una película de Pixar.

Y la conclusión siempre es la misma..... "Yo nunca podría hacer algo así."

Lo curioso es que casi nadie ve las primeras chapuzas.

Las costuras torcidas.
Las piezas que acabaron en la basura.
Los vídeos que hubo que ver diez veces.
Las agujas que se rompieron.
Los materiales desperdiciados.

Las veces que alguien estuvo a punto de decir: "Esto no es para mí".

Eso no sale en Instagram ni en ninguna red social. Solo vemos el resultado final y pensamos que apareció por arte de magia.

Como si la Virgen del Crochet hubiera descendido una noche para tocar a esa persona con una aguja mágica.

Pero tengo una noticia.
No existe la Virgen del Crochet.
Ni el Santo Patrón de la Resina.
Ni el Arcángel de los Amigurumis.

Lo que sí existe son personas que un día dejaron de esperar un milagro... y compraron un curso.

Sí. Así de poco místico.

Aprendieron.
Practicaron.
Metieron la pata.
Volvieron a intentarlo.

Y un día, sin darse apenas cuenta, alguien las miró y dijo:

—Qué suerte... ¡Tiene un don!

Y ahí está la mayor ironía de todas. Llamamos "don" a miles de horas de curiosidad.

Llamamos "talento natural" a una persona que simplemente decidió no rendirse.

Porque, al final, el único regalo verdaderamente extraordinario no es nacer sabiendo hacer algo.

Es seguir teniendo el valor de aprender cuando ya eres adulto. Y ese, por suerte, no lo reparte ningún funcionario celestial.

Ese está disponible para cualquiera que decida empezar.

Así que la próxima vez que escuches a alguien decir:

"Yo es que no tengo ese don..." Sonríe.

Y, con mucho cariño, dile que deje de esperar el paquete de Amazon... porque los dones divinos no llegan a domicilio.

Los conocimientos, en cambio... esos sí. 
Y la práctica cultiva a la artesana.

Y ahora cuéntame una cosa... ¿Eres de las que sigue esperando a que un ángel creativo llame a tu puerta... o prefieres abrir tú la puerta a un nuevo aprendizaje y una nueva experiencia?


Escrito por Montse V.
Curadora de formaciones digitales.
Exploro y selecciono espacios de aprendizaje transparentes y llenos de valor para que cultives tus saberes con total confianza y a tu propio ritmo.



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