Hoy quiero contarte cómo empecé en el mundo del emprendimiento. Es una parte muy especial de mi historia


Cuando era jovencita, tendría unos 13 años, mi madre me introdujo en el mundo de la confección de bolsos. Me enseñó a manejar máquinas de coser sencillas y, con el tiempo, a trabajar con máquinas industriales.


Todas las tardes, cuando llegaba del colegio, lo primero que hacía era merendar y ponerme a hacer los deberes. Cuando terminaba, salía un rato a la calle con mis amigas y, al regresar a casa, mi madre me enseñaba el oficio al que ella se dedicó durante años.


Al principio solo le ayudaba a cortar los hilos sobrantes de los bolsos terminados, a doblarlos y a embolsarlos. Más adelante comencé a coser lo más básico… primero los forros, luego las asas y, poco a poco, fui pasando de la tela suave a materiales más gruesos y resistentes.


Iba pasando el tiempo y cada tarde avanzaba en mi aprendizaje. Recuerdo empezar con cosas sencillas, como hacer canastillas de bebé o neceseres. Después llegaron las mochilas escolares, las riñoneras, las bolsas de deporte y, finalmente, mucho tiempo después, entré en el mundo de los bolsos de piel.


Me encantaba aprender a crear cada parte del bolso y ver cómo, poco a poco, mi madre las iba uniendo, dándole forma y vida a cada modelo



A los 15 años di un paso más: empecé a montar los bolsos completos yo sola. Unía todas sus partes hasta terminarlos. Esto me ilusionaba mucho, porque pasé de hacer tareas en cadena a poder montar cualquier diseño.


A los 18 años ya tenía el conocimiento y la práctica suficiente para desenvolverme por mi cuenta.



Y a los 19 años me emancipé, me di de alta como autónoma y me compré una máquina industrial de triple arrastre. No sabía muy bien por dónde empezar para encontrar empresas con las que trabajar.


Pero, sin dudarlo, cogí las páginas amarillas (en aquel tiempo no había móviles ni internet) y, de forma totalmente aleatoria, llamé a dos empresas para ofrecerles mis servicios como cosedora por cuenta propia.


Una de ellas se dedicaba a la confección de canastillas para bebés y la otra a las bolsas de deporte. Y cuál fue mi sorpresa! ambas accedieron a darme unas muestras para hacer en casa… y quedaron satisfechas con mi trabajo.

Todavía recuerdo la emoción de ese momento!.


Me comprometí con las dos empresas. Me traían todo el material a casa —que era mi taller— y cada semana venían a recoger los bolsos ya terminados, empaquetados y listos para vender



En aquel tiempo (hace más de 40 años), me sacaba un sueldo de unos 600 a 700 euros al mes (más de 100.000 pesetas) trabajando de lunes a viernes. Para aquella época, no estaba nada mal. 


Trabajar en casa era un privilegio. Yo me organizaba muy bien, dando salido a los pedidos y atendiendo mi casa. Y los fines de semana me los tenía libres.


La clave no es la suerte, es el compromiso.
Conocí a varias chicas que tambien intentaron trabajar desde casa haciendo costura o bisutería, pero se quejaban constantemente de que estaba mal pagado y de que no ganaban dinero. Al final terminaban dejándolo.


Y aquí quiero compartir algo importante: para Trabajar en casa se requiere organización, compromiso y una gran disciplina contigo misma.


Yo me establecí una rutina.
Me levantaba a las 6 de la mañana me duchaba, limpiaba y recogía la casa, dejaba la comida preparada, desayunaba y a las 9 empezaba a coser hasta la una de la tarde. 


Por la tarde, seguía cosiendo bolsos de tres a ocho. Y después de cenar, con la ayuda de Javi (mi marido) y mientras vehíamos la televisión, terminaba de dar la vuelta a los bolsos, cortar hilos, doblar y empaquetar. En un ratito lo teníamos listo.


Cuando yo les preguntaba a estas chicas, me contaban que trabajaban un rato por la mañana y ya no seguian por la tarde. No comprendían porque yo si podía sacarme ese sueldo trabajando en casa. 


La resouesta estaba clara: compromiso conmigo misma, organización y constancia. Me marcaba metas y las cumplía. Eso es clave.


En aquel tiempo no tenía hijos, pero tengo claro que, de haberlos tenido, no me habría puesto excusas; simplemente me habría organizado de otra forma adaptándome a las circunstancia, pero con el mismo compromiso. De hecho, años más tarde tuve a mi hijo y al mismo tiempo abrí mi primera tienda. Pero eso os lo contaré en otro post.


Quiero que te quedes con esto: Si tú quieres, puedes.

Si tienes una idea, una habilidad y el deseo de crear algo desde casa, con tu empeño, compromiso y constancia puedes hacerlo y generar tus propios recursos. 


Yo lo hice durante 6 años. Y, a medida que mejoraba mi técnica, fui evolucionando… pasé de coser bolsos de deporte y de tela a trabajar con bolsos de piel de alta calidad, que estaban muy bien pagados. Aquí ya me movía en otra liga. Estos diseños exigían una confección impecable, sin fallos de ningún tipo.




Tiempo después, a mis 25 años, me mudé a otra ciudad. Allí encontré muy rápido empresas interesadas en darme trabajo para hacer desde casa. Una de las empresas con las que colaboraba me propuso incorporarme a su taller. Querían que me encargara del muestrario de cada temporada y asumir la producción: organizar los materiales, definir los tipos de bolsos y coordinar a las cosedoras. Fue un paso muy interesante para mí.


Los dueños eran dos chicos jóvenes, trabajadores, de los que se arremangan y se ponen a coser si hace falta. El ambiente con el equipo era muy bueno y me encantó trabajar en esa empresa. Disfruté muchísimo durante los 4 años que duró esta etapa


Pasado ese tiempo, a mis 29 años, me mudé de nuevo a otra ciudad, y fue un cambio total. Se abrió ante mí una nueva etapa que resultó muy dinámica y enriquecedora.


Me tomé casi 3 años para disfrutar de mi embarazo y de mi hijo. Y comencé una nueva aventura que nada tenía que ver con la anterior. Una aventura comercial que en otro post os contaré.


Pero hoy quiero dejarte con esto, de corazón:
Si decides llevar a cabo un proyecto desde casa, o desde cualquier otro lugar, no dejes que las excusas ni los miedos te frenen.
Lánzate. Organízate. Enfócate.

Esa decisión puede abrirte puertas que ahora ni imaginas.

Confía en ti.




Y quiero añadir algo más, que para mí es muy importante:

Acompañar a un hijo o una hija en el aprendizaje de un oficio —el que sea— puede ser una de las mayores herramientas que le regalemos en su vida.


No se trata solo de aprender a hacer algo con las manos. Se trata de descubrir de lo que son capaces. De ver cómo, poco a poco, pueden crear algo por sí mismos. De ganar seguridad, autonomía y confianza.


Por eso es tan importante encontrar algo que de verdad les motive. Algo que les despierte curiosidad, ilusión… ganas de aprender y de superarse.


Porque cuando una persona joven siente que puede construir algo por sí misma, cambia su forma de mirar la vida.


Empieza a entender que no tiene que esperar a que alguien le dé una oportunidad. Que puede crearla.


Y en ese proceso, no solo aprende un oficio. Aprende valores: compromiso, constancia, responsabilidad… y, sobre todo, aprende a creer en sí misma.

Ahí es donde empieza, de verdad, su libertad.


Escrito por Montse V. 
Curadora de formaciones digitales(Selecciono y recomiendo formaciones digitales para que inviertas con confianza y sin perder tiempo)