Últimamente, parece que para iniciar un proyecto necesitas hablar un idioma extraño y ser una especie de superhéroe sin miedo al riesgo. Se han inventado tantas palabras para definir el hecho de trabajar por cuenta propia que han terminado por asustar a las personas sencillas y con talento.


Hoy "emprender" suena a startups, unicornios, levantar rondas, exit, disrupción, growth hacking, side hustle millonario, libertad financiera a los 30. Suena a todo menos a que realmente es: un oficio



Redes sociales + gurús + "fórmulas mágicas" han creado una imagen de éxito rápido, fácil y artificial:
  • "Trabaja 4 horas al día desde la playa"
  • "Gana 10k al mes con tu pasión"
  • "Deja tu trabajo de mierda y sé tu propio jefe" 


Se ha dejado de hablar del oficio y se ha empezado a hablar solo del resultado millonario. Esto genera una presión invisible. Si no vas a facturar siete cifras en un año, parece que lo que haces no vale.


Esa presión alimenta el miedo al fracaso. Antes, si montabas un pequeño negocio y no funcionaba, habías aprendido una lección. Ahora, parece que si no "triunfas" bajo los estándares artificiales, eres un fracasado/a ante el mundo.


Para una persona que solo quiere vender su conocimiento, ayudar a otros y ganar un sustento digno, el vocabulario utilizado suena a una secta o a un club privado muy complejo, cuando en realidad es lo más democrático y transformador que hay.


Menos palabras raras y más sentido común

Emprender no es buscar "disrupción". Emprender es lo que hacían nuestras abuelas cuando convertían un saber hacer en un sustento. Es lo que hice yo a los 20 años frente a una máquina de coser. Empezar con lo que tienes, donde estás, y ponerlo al servicio de los demás.


Aprender a emprender es, en realidad, uno de los caminos de crecimiento personal más profundos que existen. No se trata solo de dinero; se trata de una transformación espiritual y humana:


El arte de dar y recibir: Entiendes que tu beneficio es la consecuencia directa de haber ayudado a alguien a resolver una necesidad.


La escuela de la empatía:
Nada te enseña más sobre el ser humano que observar qué buscan, qué les duele, cuáles son sus necesidades y cómo puedes hacerles la vida más fácil o alegre.


La verdadera libertad financiera: No es hacerse rico de la noche a mañana, es aprender a gestionar tus recursos, a autofinanciarte y a entender el valor real de cada moneda que entra por tu esfuerzo.


El emprendimiento como camino de vida

Si tienes una habilidad creativa, si sabes hacer algo con tus manos, te gusta enseñar o tienes habilidades de comunicación, ya tienes la semilla. No necesitas ser intrépid@, solo necesitas comenzar, ser constante y tener los ojos muy abiertos para ir descubriendo las necesidades de tu entorno y saber como encauzar tu proyecto.


Emprender te enseña a comunicarte, a perder el miedo al "qué dirán" y a confiar en tu propio criterio. Es un viaje donde descubres que tu mayor activo no es tu tienda, tu servicio o tu producto, sino tu capacidad de ser útil a los demás.


Así que no le tengas miedo a emprender un proyecto que sientas y resuene contigo.....desde cero, con lo que tienes, poco a poco, con paso firme pero con coherencia.


El conocimiento se va adquiriendo caminando, observando, resolviendo y relacionándote; virando si es necesario y dando lo mejor de ti en cada paso.


¿Cuál es ese proyecto que empezarías hoy mismo si te dieras la libertad de disfrutar el proceso de crear?