A ver, seamos sinceras, los adultos no sabemos hablar de dinero con naturalidad y cuando llega el momento de estar en una conversación donde se habla de esta energía de cambio, nos entra un sudor frío. Que si no sé cobrar lo que valgo, que si me da apuro pedir lo mío, que si confundo la generosidad con dar hasta la camisa y quedarme en chasis… Vamos, ¡un enredo mental tremendo!
¿Y si les ahorramos a los peques todo este lío antes de que se hagan mayores?
A los 9 o 10 años están en una edad fantástica. No tienen todavía los pajaritos en la cabeza que nos ponemos de mayores, tienen un sentido de la justicia fino fino y les encanta crear cosas con las manos.
Así que hoy te traigo una dinámica superdivertida para enseñarles a mover el dinero con cabeza, con arte y mucho corazón, tanto si tienes un aula llena de alumnos como si estás en casa con un peque solo.
Se llama El Árbol de los Talentos.
¡Verás qué risas y qué leccionaza!
¡Manos a la obra! La dinámica paso a paso
El plan no es convertirlos en "mini-tiburones de los negocios", ¡qué va! Es enseñarles a crear su propio "circuito de la abundancia". Que su talento vale, que el esfuerzo se paga con alegría y que para dar a los demás no hace falta quedarse sin nada.
¡Saca el superpoder que llevas dentro!
Empezamos picándoles un poco la curiosidad:
"A ver, que levante la mano el que sepa hacer pulseras chulas, el que dibuje monigotes geniales, el que haga papiroflexia o el que se sepa los mejores chistes del cole"..(O cualquier otro arte).
Les damos 20 minutillos para fabricar "mini-tesoros": un marcapáginas con colores vivos, una figurita de papel, una pulserita de colores o un bonito ticket que pone "Vale por un chiste para sacarte una carcajada".
La regla de las tres cajitas (¡Aquí está la chicha!)
Ponemos el mercadillo en marcha y se intercambian las creaciones con monedas de curso legal.
Usando monedas reales aprenden el valor auténtico de las cosas y la lección se les queda grabada a fuego de por vida.
Imaginemos que cada obra de arte creada por sus manitas vale 3 monedas.
Pero ¡ojo al parche! Nada de ir corriendo a gastárselo todo en caramelos o gominolas.
En su mesa tienen tres cajitas de cartón:
Caja 1. La Semillita (1 moneda): "Esta ficha es para volver a comprar más materiales y pinturas. Si te la gastas hoy, mañana te quedas de brazos cruzados sin poder crear nada" y el juego se acaba. (¡Toma lección de reinversión y cuidado del proyecto!).
Caja 2. Para el bolsillo (1 moneda): "Esto es para ti, por tu arte, tu tiempo y tu buena maña. Te lo has ganado a pulso y hay que disfrutarlo sin culpa". (Aprenden a cobrar lo que valen con la cabeza alta).
Caja 3. El bote del grupo (1 moneda): Esta ficha va destinada al impacto y la generosidad para aportar a la comunidad.
¿Y cómo gestionamos la Caja 3? (En el cole vs. En casa)
Aquí está la magia de adaptar el juego al lugar donde estés:
Opción A: Si estás en un aula con un grupo de niños
Al terminar el juego, volcamos todas las monedas de la Caja 3 en una hucha grande en el centro de la clase. ¡Menuda montaña de monedas se junta ahí! A los chiquillos se les abren los ojos como platos.
Ahí es cuando les hacemos el "clic" en la cabeza:
"¿Os habéis fijado? Nadie se ha quedado sin comer, todos tenéis vuestras monedas en el bolsillo, tenéis para comprar material y seguir jugando mañana... ¡y mirad la que hemos montado entre todos!".
Luego deciden en equipo qué hacer con ese bote: ¿compramos un juego de mesa nuevo para los recreos de lluvia? ¿Una caja de pinturas gigante para todos? ¿Comida para el refugio de perretes del barrio?
Opción B: Si estás en casa con un niño solo
¡Que no cunda el pánico que el juego tambien puede llevarse a cabo! Si no hay un grupo de niños, la Caja 3 se convierte en el "Bote del Súper Equipo Familiar":
El peque pone su moneda de la Caja 3 en un bote transparente en el salón.
Y los adultos de la casa también juegan: Cuando la mamá, el papá o el abuelo hacen algún trabajo o venta, o incluso cuando cumplen un objetivo del día, aportan también su "moneda de impacto" al bote.
Ver cómo sube el bote gracias al esfuerzo de toda la familia le hace sentir que forma parte de algo grande.
¡Y hay otra variante en casa! Si algún día hacéis la actividad con tickets o vales hechos a mano en lugar de monedas, la Caja 3 se convierte en la Caja de los Regalos Secretos: 1 de cada 3 creaciones que hace el peque no se vende ni se guarda, sino que se destina a regalársela por sorpresa al frutero del barrio, a la vecina, al amigo o al abuelo para alegrarle el día.
Aprendizaje para toda la vida
Con cuatro materiales, colores y un rato de risas, les has sembrado un chip buenísimo para el futuro:
Autoestima de la buena: Mi tiempo y mi arte valen, y no hay nada de malo en cobrar por ello.
Con cuatro materiales, colores y un rato de risas, les has sembrado un chip buenísimo para el futuro:
Autoestima de la buena: Mi tiempo y mi arte valen, y no hay nada de malo en cobrar por ello.
Visión con luces largas: No me lo gasto todo hoy; guardo un poquito para que la rueda siga girando.
Generosidad inteligente: Se puede ayudar a lo grande sin quedarse pelado ni pasar apuros.
Hacer equipo: Tanto en la escuela como en familia, cuando sumamos pequeños esfuerzos, y todos ponemos un granito de arena ¡hacemos montañas! ... conseguimos grandes logros para aportar a una causa.
Si les enseñamos esto de pequeñitos, de mayores no solo sabrán ganarse el pan con soltura y sin remordimientos, sino que construirán un mundo mucho más próspero, espabilado y lleno de alma.
Cuando termine el juego, no recojamos las cajitas y demos la actividad por concluida. ¡Todavía nos queda una parte estupenda!
Sentémonos un ratito con ellos y dejemos que nos cuenten cómo han vivido la experiencia.
Podemos preguntarles:
¿Qué has sentido al recibir una moneda por algo que has creado?
¿Te ha costado guardar una parte en lugar de gastarla?
¿Cómo te has sentido al contribuir al bote común?
¿Qué cambiarías si volvieras a jugar?
Y aquí viene lo importante: escuchemos sus respuestas sin apresurarnos a corregirlas.
No buscamos que todos piensen igual ni que nos digan lo que queremos oír. Queremos conocer sus ideas, descubrir qué les ha gustado, qué les ha resultado difícil y qué harían de otra manera.
Quizá alguno nos sorprenda con una propuesta fantástica. Quizá otro necesite explicar por qué no le ha gustado compartir una parte de sus monedas. ¡También eso nos interesa!
Porque aprender no consiste solamente en seguir unas reglas. También consiste en hacerse preguntas, expresar lo que uno piensa, escuchar a los demás y descubrir nuevas posibilidades.
Y quién sabe… ¡a lo mejor son ellos quienes nos enseñan algo a nosotros! jaja.
Al fin y al cabo, estamos jugando para aprender juntos.
Escrito por Montse V.
Curadora de formaciones digitales.
Exploro y selecciono espacios de aprendizaje transparentes y llenos de valor para que cultives tus habilidades con total confianza y a tu propio ritmo.
Si esta propuesta te ha sacado una sonrisa, te ha dado una buena idea o simplemente has disfrutado de un ratito de lectura, puedes invitarme a un café virtual. ☕❤️
¡Será mi pequeño regalo por compartir este espacio contigo!

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