El juego agotador de vender desde el fango (y la belleza de volver a conectar de alma a alma)

 

Si lees con serenidad y en conexión con tu sabidria creativa verás que este post no trata sobre vender (aunque así lo parezca)
Trata sobre cómo nos encontramos los seres humanos.

Hoy quiero compartir contigo algo que me ronda la cabeza y me toca el corazón.

Como muchos ya sabéis, durante muchos años fui comerciante. Tuve tres tiendas propias y puedo decir, sin exagerar, que disfruté enormemente de ese oficio. 

Más allá de vender productos, lo que de verdad me llenaba era el encuentro con las personas: escuchar, comprender lo que necesitaban y procurar que ese intercambio fuera bueno para ambos.

Con los años comprendí que una buena venta nunca consiste en que uno gane y el otro pierda. Cuando se hace desde el respeto, vender y comprar se convierten en un intercambio donde las dos personas salen enriquecidas.

Hoy tengo 61 años. Puede que para algunos mi forma de ver las cosas resulte antigua. O quizá no. Lo cierto es que la edad también regala perspectiva, y hay algo muy profundo dentro de mí que me impulsa a compartir lo que observo.

Llevo un tiempo viendo cómo algunas formas de vender que proliferan en Internet me producen una enorme desazón. No porque exista el hecho de vender —que bien entendido es una herramienta maravillosa para ayudarnos mutuamente—, sino porque cada vez veo más estrategias construidas sobre el miedo, la urgencia y la inseguridad de las personas.

Y de esa radiografía precisamente quiero hablar hoy.

¿Te has fijado en cómo algunas personas intentan vender últimamente? A mí, sinceramente, me entristece mucho. Parece que si no hurgan en una herida hasta hacerla sangrar, no hay negocio. 

El mensaje de fondo suele ser siempre el mismo: "Si no me compras esto, vas a vivir en la miseria toda tu vida" o "seguirás siendo esclavo de tus inseguridades".

Es el marketing del miedo... una estrategia que alimenta la inseguridad para obtener resultados rápidos y, muchas veces, pasajeros. Y además es el terreno perfecto para las estafas y el humo.

Pero lo más triste no son las ventas que se consiguen. Lo más triste es lo que rompe.

Cuando el miedo dirige la venta, dejamos de encontrarnos como seres humanos. Ya no hay un puente entre dos personas; solo hay una herida intentando convencer a otra herida.

A mí esto me produce una profunda pena. Me entristece quien vende desde ese lugar, porque acaba desconectándose de lo más hermoso de vender: servir, inspirar y tender puentes entre personas. 

Y también me entristece quien compra desde la desesperación, buscando una píldora inmediata para calmar su propio miedo, sin conectar con su propio bienestar ni con los talentos que ya habitan en su interior.

Al final, es un juego donde nadie se respeta y ambos terminan desvitalizados.....Pero se puede salir de ahí.

Cuando cambiamos la mirada, descubrimos que vender y comprar son las dos caras de una misma moneda: un flujo limpio de energía, un intercambio consciente en el que ambas personas pueden crecer.

Por un lado, vender es un acto precioso de servicio.
No es manipular. Es mirar a los ojos la historia de la persona que tienes delante, respetar su inteligencia y ofrecerle algo que realmente pueda mejorar su vida desde la luz, no desde la desesperación. Es poner tus dones al servicio de los demás para expandir bienestar.

Hay algo muy bello en esta transacción que pocos pueden ver..."Vendo para mi beneficio y para el beneficio de todo el mundo."

Y, por el otro lado —del que casi nadie habla—, comprar también es un acto de reconocimiento mutuo.

Comprar desde una mirada despierta no es intentar anestesiar un vacío. Es decirle al otro: "Veo tu talento, honro tu trabajo y decido nutrirme con tu creación." 

Cuando compras con consciencia, no buscas la inmediatez ilusoria; estás invirtiendo en tu evolución y, al mismo tiempo, impulsando el proyecto de otra persona.

Compras para tu beneficio y para el de todo el mundo.
Es un intercambio precioso de respeto y crecimiento mutuo. Uno aporta su saber hacer y el otro su confianza. Así es como se construye una economía sana, sólida y profundamente humana.

Quizá ha llegado el momento de recordar que detrás de cada venta hay una persona y detrás de cada compra también. 

Cuando nos encontramos desde ese lugar, el intercambio deja de ser una batalla para convertirse en un acto de confianza, respeto y crecimiento compartido.

Y quizá, si de verdad aspiramos a evolucionar como seres humanos, también ha llegado la hora de dejar atrás las viejas estrategias del miedo y volver a encontrarnos... de alma a alma.

Al final, todos somos vendedores y compradores a la vez. Todos formamos parte del mismo intercambio.

Sabiendo esto... ¿desde qué lugar eliges alimentar ese circuito?
¿Desde el miedo, que encoge y separa?
¿O desde la luz, que expande, reconoce el talento del otro del cuál deseas nutrirte y crea puentes entre las personas?

Escrito por Montse V. 
Curadora de formaciones digitales. 
Exploro y selecciono espacios de aprendizaje transparentes y llenos de valor para que cultives tus saberes con total confianza y a tu propio ritmo.


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